miércoles, 23 de diciembre de 2015

Nos visita Buscarita Roa en Inauguración del Salón "José Pepe Poblete" en la sede central de INCLUIR

Buscarita Roa con algunos integrantes de INCLUIR

Este 18 de Diciembre, nuestra asociación INCLUIR, inauguró el salón principal en su Sede de Caballito con el nombre de José “Pepe” Liborio Poblete.Y probablemente, alguno se habrá preguntado, quien era ese muchacho, que en la foto se veía muy normal. Buscando en la web, lo vemos sentado en una silla de ruedas, con amputación de ambas piernas, y vamos entrando en tema. Si aquellos que recibieron el libro digital Los Rengos de Perón lo leyeron, allí también encuentran una referencia a esta persona, que hasta ahora, para muchos es un desconocido. Pero repentinamente durante la reunión alguien entra y todo se alborota, una señora mayor, de esas abuelitas que todos quisiéramos tener. Pregunto quien es y me responden como si yo fuera un marciano: Es Buscarita, ¡¡¡ Buscarita Roa !!!
Pero esta historia culmina con el número 64, y un año, 1999, ¿Y porque? Vamos a seguir el relato.

EL ENTORNO HISTÓRICO
Durante las décadas de 1970 y 1980, se llevó a cabo La Operación Cóndor, más conocida como Plan Cóndor, que fue la coordinación de acciones y mutuo apoyo entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur de América (Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, y creo que en menor medida Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador). Esta suerte de sociedad de la muerte no fue casual sino definitivamente organizada, coordinada y en muchos casos financiada por la CIA de los EEUU, en una muestra mas de su histórica política de inferencia en los destinos de aquellos países que ellos consideran de su dependencia a nivel económico, político e incluso cultural. La CIA suministró equipos de tortura a brasileños y argentinos (entre otros) y ofreció asesoramiento sobre el grado de shock que el cuerpo humano puede resistir.
Pero ¿que implicaba exactamente esta coordinación? ¿la defensa de la libertad? ¿resguardo de las democracias? ¿colaborar con el nivel cultural o económico regional? ¡Nada mas lejano de la realidad! Mas bien, el seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios seguido de torturas, traslados entre países y por supuesto la desaparición y/o muerte de personas, que ellos consideraban como subversivas del orden instaurado o contrarias al pensamiento político o ideológico opuesto, o no compatible con las dictaduras militares regionales. Esta gran organización clandestina internacional llevó a cabo sangrientas prácticas de terrorismo de estado que usó como instrumento principal el asesinato y desaparición de decena de miles de opositores o supuestos opositores a sus intereses, mayormente pertenecientes a movimientos políticos de izquierda.
Esta nota no pretende profundizar en los vericuetos históricos, principalmente por una cuestión de espacio y por ignorancia mía sobre el tema, pero es necesario presentar la línea de tiempo de los actores principales y esta historia de vida dentro de Chile y la Argentina.


CONCIENCIA SOCIAL INCIPIENTE
Conversamos con Buscarita, comienza su relato compartiendo con nosotros intimidades de la personalidad de Pepito: Desde muy chico él ya tenia la necesidad de colaborar con los desprotegidos, tanto materiales como intelectuales. Si bien era una familia de humilde condición, Pepito ya necesitaba compartir el pan con los menos afortunados, pero un día descubrió que las verdaderas necesidades del común de la población era la falta de conocimiento, asi que junto con amigos que él mismo congregaba, comenzaron a alfabetizar a quienes estaban interesados. Esto se llevaba a cabo en casas de particulares y de forma extraoficial. Ya para este entonces su mama veia sin comprender las actitudes humanitarias de este joven chileno.
Buscarita no ignoraba que su hijo militaba: “El tenía 9 años y ya participaba en el colegio; a los 10 o 12 años era presidente del centro de alumnos, yo no podía ignorarlo, incluso un profesor una vez me dijo: ‘Señora, tenga mucho cuidado con su hijo porque tiene inclinaciones políticas’, aunque más bien me dijo ‘zurdas’, y yo le respondí que mi hijo escribe con la derecha”.
José era Pepe entre sus amigos. Hacía trabajos de solidaridad en el barrio en Chile, como después de 1973 lo haría en Buenos Aires con los curas del tercer mundo. “Me pedía jabón y toallas para lavarles las manos a los chicos, empezaron a dar clases en un centro comunitario.” Alguna vez todo el barrio habló con el alcalde para que lo nombren presidente de la Junta Vecinal, pero el hombre se negó definitivamente porque que era demasiado niño. “Eran tantas las cosas que se le ocurrían hacer –dijo su madre– que la gente no lo veía como un niño.”
Pero a los 16 años ocurrió lo impensable. Un horrible accidente ferroviario le cortó las piernas arriba de las rodillas. “Yo pensé que había terminado la vida de mi hijo, pero me equivoqué, porque cuando fui al hospital me dijo: ‘Voy a ser el primer hombre que va a correr con piernas ortopédicas’.”
LA VENIDA A LA ARGENTINA
Pero el destino le deparaba una hermosa sorpresa a Pepe en la Argentina. Se mudó a Buenos Aires para estudiar medicina y ponerse las piernas ortopédicas. Así que fue al Instituto de Lisiados y allí estaba ella, Gertrudis, la que sería su compañera, y madre de su única hija. En esa época era común que jóvenes colaboraban como voluntarios en ACIR, entre ellos y sus compañeros formó la agrupación de Lisiados Peronistas por la Liberación, bien conocidos como Los Rengos de Perón.
Se incorporo a los Montoneros y entró en la clandestinidad. Cuando lo secuestraron, trabajaba en Alpargatas, vendía en un tren, y vivía junto a Gertrudis y su hija en una casita alquilada en Guernica.
Su madre recuerda: “Me llamaba por teléfono y me citaba en lugares inhóspitos, yo viajaba con una vianda con sánguches; cuando pasaron a estar clandestinos mi sufrimiento era grande. Yo me preguntaba: ¿cómo hace sin las piernas?, ¿con bastones, en silla de ruedas? Porque yo veía que él no quería decirme dónde estaba.”

LA DESAPARICIÓN
“Después del secuestro la vida cambió totalmente, quedamos quebrados, todo fue difícil. No había forma de saber qué iba a pasar.”
Buscarita ya vivía en Buenos Aires, trabajaba en el Ministerio de Planeamiento como supervisora de Mantenimiento en un piso con los militares.
“Siempre digo que yo apenas entraba al trabajo dejaba mis problemas afuera: sonreía, hablaba con mis compañeros para que nadie se diera cuenta y cuando salía iba a buscar a mi hijo por todos los lugares habidos
y por haber.”

BÚSQUEDA Y DOLOR (UNA VEZ MAS)

Su consuegra Ana, antes de suicidarse, un día recibió una llamada de su hija Gertrudis quien le preguntó dónde estaba su hija.
“Creo que durante un tiempo pensamos que la tenía una de las dos, pero cuando llamó dijimos: ‘¿Ahora qué vamos a hacer? Tenemos que buscarla’. Si dicen que ellos no la tienen, entonces dónde está. Entonces fue cuando yo me acerco a Plaza de Mayo porque veo mucha gente con pañuelos blancos haciendo la ronda.”

Buscarita se acuerda de que cuando una de las madres le dio un pañuelo intentó taparse completamente la cara. “Tenía mucho miedo: ¿qué pasaba si me veían del trabajo?, ¿qué iba a ser de mis hijos? Yo tenía seis hijos más.”
Otros sobrevivientes supieron que Pepe y Gertrudis estuvieron en El Olimpo. “A mi hijo le hicieron cosas terribles –explicó–: Hacían una pirámide de personas y desde arriba lo tiraban porque no tenía sus piernas, a ella la arrastraban desnuda de los pelos; el Turco Julián, que quisiera que se pudra en la cárcel.”
Claudia estuvo poco tiempo con sus padres en el centro clandestino. La niña fue apropiada por el coronel Ceferino Landa. Dicen que adentro de El Olimpo, Landa preguntó por la niña y el Turco Julián le dijo que se la llevara, porque en poco tiempo los padres iban a ser comida para los pescaditos. “Yo siempre tuve la esperanza de encontrar a mi hijo, cada vez que volvía del trabajo y veía gente en la puerta de casa pensaba que eran ellos que habían llegado, pero pasaron quince años y después de ese tiempo no tuve más esperanza, sobre todo cuando me contaron que la silla de ruedas de Pepito fue vista en la ESMA tirada con una rueda rota, pero sabía que iba a encontrar a mi nieta, eso nunca me lo saqué de la cabeza.”
ESPERANZA Y RECUPERACIÓN, EL NUMERO 64, 1999
Los tres fueron llevados al Centro Clandestino de Detención El Olimpo, en las calles Ramón Falcón y Olivera, en el barrio de Floresta. La beba permaneció allí sólo tres días, hasta que los captores decidieron entregarla porque no soportaban los reclamos de sus padres. Respecto del matrimonio, ambos fueron vistos por última vez el 29 de enero de 1979.
“Es imposible olvidar. Primero porque no encontramos los restos de nuestros hijos, no hay huesos, tenemos las dudas de si los tiraron al mar, al Río de la Plata, o están en una fosa común. En segundo lugar, nos faltan quinientos nietos, es imposible cerrar esa herida y no se va a cerrar hasta que no encontremos al último”, afirma Buscarita.
Era 1999 y el juez Gabriel Carvallo había ordenado realizarle análisis inmunogenéticos a Mercedes Beatriz Landa.
Según información de Abuelas de la Plaza de Mayo, Claudia había sido inscrita como hija propia por Ceferino Landa, con fecha de nacimiento 13 de Junio de 1978, era integrante de la estructura de inteligencia del ejército, y su esposa, Mercedes Beatriz Moreira. La partida de nacimiento falsa había sido firmada por un médico militar.
Fue la nieta recuperada N.º 64, y como dije: 1999.

HOY
Claudia Poblete Hoy
El haber encontrado a Claudia generó en Buscarita un compromiso mayor con la institución. Si bien ella estaba ligada a Abuelas de Plaza de Mayo desde que encontró a su nieta su labor en la institución se ha hecho constante, persistente. Buscarita va todas las semanas a la casa de Corrientes 3284 y nunca olvida hacer una torta para la reunión de Comisión directiva.
En este último año Buscarita quedó al frente de la difusión de los viajes que Abuelas y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) están haciendo por el interior del país, y antes de la visita de los equipos técnicos de ambas instituciones ella viaja para anunciar las actividades.
En estos viajes también se está armando una red nacional por el derecho a la identidad, que en varias ocasiones ha invitado a Buscarita para presentar sus actividades. A veces presenta una muestra de Abuelas, otras va a dar una charla a un club o una escuela. Para ella es muy importante contar lo que pasó, sobre todo a las nuevas generaciones: “Por allí, escuchar a una Abuela o Madre, lo hace más verídico para ellos, ya que podrían pensar que es un cuento, una historia o una mentira. A mí lo que me sucede es que los chicos me escuchan, después saludan, me piden que siga adelante, ellos quieren saber y es por ellos también, porque esperamos que nunca más se repita esta historia”.

El fin? No Buscarita nunca descansa.
La reunión con Buscarita llegaba a su fin, pero seguía compartiendo con nosotros sus anécdotas, y también como una abuela amorosa,
dándonos consejos sobre nuestra salud, y elogiando a los que con discapacidades de distinta índole continuamos la lucha inclusiva desde distintas trincheras. Nos abrazó, y besó nuestros rostros dándonos Ella fuerza a nosotros, viendo en cada uno a su propio hijo, arrancado de su regazo, dando ejemplo de fortaleza, compromiso, pero sobre todo de amor maternal y valentía sin fin contra los actores de la fuerza bruta y la sangre y el acero.




1 comentario:

daiana rodriguez dijo...

Impresionante historia de lucha por los derechos y búsqueda de verdad y justicia. La memoria es algo que nunca debemos perder.